Hay algo que todos los futbolistas, independientemente de su edad o nivel, tienen en común: todos se equivocan. Un mal pase, un control que se escapa, una pérdida en una zona peligrosa, una mala decisión, un fallo delante del portero… El error forma parte del fútbol y, aunque muchas veces intentamos evitarlo, creo que una de las cosas más importantes que podemos enseñar a un jugador desde pequeño no es a no equivocarse, sino a saber qué hacer cuando se equivoca. Porque el error no debería ser el final de una acción. Debería ser el comienzo de la siguiente.
· EL ERROR NO TE DEFINE
Cuando un jugador comete un error, especialmente cuando es un niño, es muy fácil que se quede enganchado a esa acción. Pierde un balón y sigue pensando en él, falla una ocasión y durante varios minutos sigue viendo el fallo en su cabeza o comete un error defensivo y empieza a jugar con miedo a volver a equivocarse. Y aquí aparece uno de los grandes problemas: el jugador deja de pensar en jugar y empieza a pensar en no equivocarse. Cuando eso ocurre, perdemos una de las cosas más importantes del fútbol: la libertad para tomar decisiones.
Un jugador que tiene miedo a fallar deja de arriesgar, juega más lento, evita determinadas acciones y empieza a buscar constantemente la opción más segura. Y aunque pueda parecer que así comete menos errores, en realidad estamos limitando muchísimo su aprendizaje. Por eso creo que nuestros jugadores tienen que entender desde pequeños que equivocarse no significa ser peor futbolista. Significa que estamos jugando, tomando decisiones y aprendiendo. La clave no está en evitar todos los errores, porque eso es imposible, sino en conseguir que un error no condicione las cinco acciones siguientes.
· EL ERROR FORMA PARTE DEL JUEGO
Cuando un jugador comete un error, especialmente cuando es un niño, es muy fácil que se quede enganchado a esa acción. Pierde un balón y sigue pensando en él, falla una ocasión y durante varios minutos sigue viendo el fallo en su cabeza o comete un error defensivo y empieza a jugar con miedo a volver a equivocarse. Y aquí aparece uno de los grandes problemas: el jugador deja de pensar en jugar y empieza a pensar en no equivocarse. Cuando eso ocurre, perdemos una de las cosas más importantes del fútbol: la libertad para tomar decisiones.
Un jugador que tiene miedo a fallar deja de arriesgar, juega más lento, evita determinadas acciones y empieza a buscar constantemente la opción más segura. Y aunque pueda parecer que así comete menos errores, en realidad estamos limitando muchísimo su aprendizaje. Por eso creo que nuestros jugadores tienen que entender desde pequeños que equivocarse no significa ser peor futbolista. Significa que estamos jugando, tomando decisiones y aprendiendo. La clave no está en evitar todos los errores, porque eso es imposible, sino en conseguir que un error no condicione las cinco acciones siguientes.
· LA SIGUIENTE ACCIÓN
Esta es una de las ideas que más me gusta transmitir a los jugadores: la siguiente acción. Has perdido el balón, ¿qué haces ahora? ¿Te quedas lamentándote o reaccionas e intentas recuperar tu posición? Has fallado un pase, ¿dejas de pedir el balón o vuelves a ofrecerte? Has fallado una ocasión, ¿te escondes en la siguiente jugada o vuelves a aparecer cuando tengas una nueva oportunidad? Evidentemente, no podemos borrar lo que acaba de suceder, pero sí podemos decidir cómo queremos afrontar lo que viene.
Y esto, que parece algo tan sencillo dentro de un campo de fútbol, tiene una aplicación enorme fuera de él. En la vida vamos a cometer errores, vamos a tomar decisiones equivocadas y habrá situaciones que no saldrán como esperábamos. Aprender a reaccionar después de equivocarnos es una herramienta que nuestros jugadores se llevarán mucho más allá del fútbol. Por eso me interesa tanto que aprendan a mirar hacia delante y a entender que una mala acción no tiene por qué convertirse en una mala actuación.
· AQUÍ LOS PADRES TENÉIS MUCHO QUE DECIR
El comportamiento de los adultos alrededor del jugador es fundamental. Si un niño falla un pase y desde la grada escucha un grito, una crítica o un reproche, probablemente no va a aprender más de ese error. Lo más probable es que empiece a tener miedo de volver a cometerlo. Y cuando el miedo aparece, el aprendizaje se frena.
Por eso creo que después de un partido no necesitamos convertir cada error en un análisis técnico. El niño ya sabe que ha fallado y muchas veces sabe incluso mejor que nosotros qué ha hecho mal. Preguntarle constantemente por qué ha hecho eso, cómo ha podido perder ese balón o por qué no ha pasado en lugar de conducir puede hacer que el fútbol se convierta en un examen permanente. El entrenador tendrá su momento para corregir y enseñar; en casa, muchas veces, nuestro papel debe ser diferente.
Tenemos que acompañar, escuchar y dar tranquilidad. Si quiere hablar del partido, hablamos. Si quiere contarnos lo que ha ocurrido, le escuchamos. Y si necesita desconectar, también tenemos que saber respetarlo. La familia debería ser ese lugar donde el jugador encuentre seguridad, donde pueda equivocarse sin sentir que tiene que justificar constantemente sus decisiones y donde sepa que un mal partido no cambia lo que pensamos de él.
· NO QUEREMOS JUGADORES PERFECTOS
Personalmente, no quiero formar jugadores que tengan miedo a equivocarse. Quiero formar jugadores valientes, que pidan el balón después de haberlo perdido, que vuelvan a intentar un regate después de haber fallado, que vuelvan a chutar después de haber fallado una ocasión y que sean capaces de tomar decisiones aunque sepan que existe la posibilidad de equivocarse.
Porque si queremos formar futbolistas creativos, inteligentes y capaces de interpretar el juego, tenemos que permitirles equivocarse. Y creo que ahí está una de las grandes diferencias entre simplemente jugar al fútbol y realmente aprender a jugarlo.
· EL ERROR TAMBIÉN SE ENTRENA
Por eso, cuando un jugador cometa un error, no quiero que su primer pensamiento sea “no puedo volver a equivocarme”. Me gustaría que poco a poco aprendiera a pensar: “Vale, me he equivocado. ¿Qué hago ahora?” El error es parte del fútbol, del aprendizaje, de la maduración y también de la vida.
Nuestro trabajo, debería ser ayudarles a convertirse en personas capaces de equivocarse, aprender, levantarse y volver a intentarlo.
Porque al final, un futbolista no crece únicamente cuando todo le sale bien. Muchas veces crece cuando algo sale mal y aprende qué hacer después.
· Por todo esto, sí: el error también entrena

